Cómo hacer una casa de pan de jengibre

Ahora que se acerca la Navidad, no hay duda que es un momento ideal, y muy oportuno, para descubrir no solo manualidades relacionadas con estas fiestas tan populares, sino intentar saber cómo elaborar algunos postres tradicionales y curiosos, que precisamente también destaquen por ser caseros. Es lo que ocurre con la casa de pan de […]

Ahora que se acerca la Navidad, no hay duda que es un momento ideal, y muy oportuno, para descubrir no solo manualidades relacionadas con estas fiestas tan populares, sino intentar saber cómo elaborar algunos postres tradicionales y curiosos, que precisamente también destaquen por ser caseros. Es lo que ocurre con la casa de pan de jengibre, una auténtica maravilla que, bien elaborada, puede llegar a convertirse en una obra de arte. ¿Te animas a saber cómo hacerla, y a descubrir un poco más sobre ella?.

Receta de Casita de Pan de jengibre

¿Cuál es el origen de la casita de pan de jengibre?

Algunos historiadores creen que el conocido como pan de jengibre fue horneado por primera vez en Europa a finales del siglo XI, cuando los cruzados que regresaron de Oriente trajeron la costumbre del típico y tradicional pan picante, tan característico del Medio Oriente. El jengibre, de hecho, no solo era sabroso, sino que presentaba una serie de cualidades únicas que ayudaban a conservar mejor el pan.

De acuerdo a una leyenda francesa, el pan de jengibre fue oficialmente traído a Europa en el año 992, por un monje armenio (que posteriormente llegó a ser santo), conocido con el nombre de Gregorio de Nicopolis (Gregory Makar). Este monje vivió durante siete años en Bondaroy, Francia, cerca de la ciudad de Pithiviers, lugar en el que enseñó a cocinar el pan de jengibre a sacerdotes y otros cristianos.

No obstante, sí se sabe que el pan de jengibre, tal como lo conocemos hoy en día, desciende directamente de las tradiciones culinarias europeas medievales. Se sabe, por ejemplo, que también fue moldeado en sus diferentes formas por los monjes de Franconia, Alemania, a lo largo del siglo XIII. Así, Nuremberg llegó a ser reconocida como la “Capital mundial del pan de jengibre”, cuando en el siglo XVII el gremio empezó a utilizar a auténticos maestros panaderos, y trabajadores cualificados, con el fin de crear complicadas obras de arte a partir del pan de jengibre.

Así, hacia el siglo XVII, únicamente los panaderos profesionales de pan de jengibre podían hornearlo, excepto en Navidad y en Pascua, cuando cualquier persona podía elaborarlo y hornearlo. Luego, era vendido en tiendas especiales y en mercados estacionales.

Eso sí, no fue hasta principios del siglo XIX cuando comenzó en Alemania la tradición de hacer casas de pan de jengibre. De acuerdo a algunos investigadores, las primeras casitas fueron el resultado de la popularidad del cuento de hagas ‘Hansel y Gretel’, en el que dos niños abandonados en el bosque encontraban una casa totalmente comestible elaborada de pan, con decoraciones de azúcar.

Luego de la publicación del libro de cuentos, los panaderos alemanes comenzaron a hornear casas de de pan de jengibre (lebkuchen), adornadas como en el cuento. Así, más tarde estas casitas se hicieron muy populares durante la Navidad, una tradición popular que llegó finalmente a América con la llegada de los inmigrantes alemanes.

¿Qué es la casita de pan de jengibre?

Consiste básicamente en un pastel elaborado de pan de jengibre, una especie de bizcocho o de galleta que se caracteriza por su sabor a jengibre, y que habitualmente se endulza con melaza para brindarle a su vez su característico color oscuro.

Como su propio nombre indica, al bizcocho o galleta se le da forma de casita, además de realizar otras figuras y decoraciones, todas ellas completamente comestibles. Además, algunas partes son decoradas con diferentes glaseados y caramelos.

Se convierte, como probablemente sabrás, en una decoración tremendamente popular en Navidad.

¿Cómo hacer la casita de pan de jengibre? Descubre los ingredientes y pasos

Ingredientes: 6 tazas de harina, 1/2 cucharadita de levadura en polvo, 4 cucharaditas de jengibre molido, 4 cucharaditas de canela molida, 1/2 cucharadita de clavo molido, 1/2 cucharadita de sal,  12 cucharadas de mantequilla ablandada, 1/2 taza de azúcar morena, 2 huevos grandes, 1 taza de melaza oscura y 1 cucharada de agua.

Ingredientes para el glaseado: 2 claras de huevo grandes y 2 tazas de 2/3 de azúcar glas.

Elaboración:

En primer lugar bate todos los ingredientes secos en un cuenco grande. Reserva.

Prepara ahora la mezcla de mantequilla con el azúcar, el huevo y la melaza: con la ayuda de una batidora eléctrica, bate la mantequilla y el azúcar moreno a temperatura media; debe quedar esponjoso y bien integrado. Luego bate los huevos, la melaza y el agua, hasta que estén bien mezclados.

Ahora combina los ingredientes secos con los húmedos. Bate la mitad de la mezcla de harina en la mezcla de melaza, hasta que quede bien mezclada y suave. Luego añade el resto de la harina, y amasa hasta que esté bien mezclado. Si observas que la masa está algo blanda, puedes agregar un poco más de harina.

Envuelve la masa en una bolsita de plástico y reserva en la nevera durante al menos dos horas. Luego, una vez vayas a empezar a trabajar la masa, déjala reposar a temperatura ambiente durante al menos 10 minutos antes de extenderla.

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Ahora es el momento de crear un patrón de casa de jengibre, cortando trozos de papel más rígidos o cartón. Es importante tener un patrón para el techo, otro para el lateral, otro para la chimenea, otro para el frontal y otro para la parte posterior.

Procedemos ahora a elaborar las piezas necesarias para armar nuestra casa de pan de jengibre. Para ello precalienta el horno a 180 ºC. Debes tener preparadas varias bandejas de horno planas para galletas.

Divide la masa en dos. Extiende el papel de horno sobre una gran superficie, espolvorea con un poco de harina y trabaja con una porción de masa a la vez, con la ayuda de un rodillo para extender la masa. Debe tener un grosor uniforme de medio centímetro. Añade un poco de harina a la superficie de la masa, y verifica que ésta no se pega a medida que la extiendes. Así, si se pega al rodillo o a la superficie es necesario espolvorear con un poco más de harina. Por otro lado, si observas que la masa es muy blanda, puedes congelarla durante una hora, antes de cortar los patrones de masa.

Ahora corta las formas de masa con la ayuda de los trozos de patrón. Es aconsejable frotar un poco de harina sobre la superficie de la masa, para evitar que se pegue. Coloca las piezas del patrón en la masa, tantas piezas como quepan en la masa. Utiliza un cuchillo pequeño y afilado para cortar las piezas del patrón de la masa. Eso sí, es conveniente limpiar la superficie del cuchillo con frecuencia.

Ahora coloca los patrones de masa en la bandeja de horno, pero con algo de distancia entre ellas para evitar que se peguen.

Hornea a 180 ºC hasta que observes que los bordes de la masa ha comenzado a oscurecerse (bastará con 11-15 minutos para las piezas más grandes, y entre 6 a 8 minutos para las piezas pequeñas). A mitad de cocción gira masa, para conseguir así un dorado mucho más uniforme.

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Cuando aún las piezas estén calientes, recórtalas con la ayuda de un cuchillo. Luego déjalas sobre la bandeja de rejilla del horno para que se enfríen.

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Mientras tanto, vamos a proceder a elaborar el glaseado. Bate las claras de huevo hasta que estén suaves, y luego añade 1/3 taza de azúcar en polvo. Puedes cocinar esta mezcla durante varios segundos en el microondas, hasta que la mezcla alcance una temperatura de 70 ºC. Agrega luego más azúcar en polvo, hasta que al batir la mezcla se formen picos más bien rígidos. Luego agrega el resto del azúcar glas y, con la ayuda de la batidora eléctrica, bate a alta velocidad hasta que vuelvan a formarse picos rígidos.

Ahora solo queda construir nuestra casa. Escoge una base sólida donde construirla. Coloca una primera línea gruesa de glaseado a lo largo de uno de los extremos, y presiona el lateral contra el borde de las piezas delanteras y traseras. Mantenlo en su lugar hasta que quede firme. Repite con la otra pieza lateral, luego con los bordes más cortos, con la pieza frontal y con la posterior. Para terminal, añade glaseado dentro y fuera de la casa, para llegar así cualquier espacio y aportar una mayor estabilidad. Deja reposar durante una hora hasta acabar con la instalación del techo.

Finalmente, decora con glaseado a tu gusto.

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